Como no puedo dejar que este momento se pierda en el tiempo, os pongo el enlace a la crónica que Juan José Millás publica hoy domingo en el País Semanal sobre Pasqual Maragall.
Dice el autor que quería escribir sobre el Alzheimer, y, a grandes rasgos, el enfermo le ha estropeado el reportaje.
http://www.elpais.com/articulo/portada/sueno/cabeza/elpepusoceps/20091025elpepspor_8/Tes
En una entrada posterior daré mi opinión, porque ahora, con la inmediatez de la emoción subida, estoy convencido de que cualquier cosa que escriba será profundamente moñas.
domingo, 25 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
Comienzo (oficioso) del otoño
El otoño ha comenzado; aunque haga un calor impropio, aunque las tardes se pasean muy agradablemente, dentro de poco la Unión Europea nos impondrá la noche a las cinco de la tarde, y será el momento en el que debemos guardar nuestras mejores energías para otros momentos. Hasta entonces iremos contando los días para los puentes que nos conduzcan, poco a poco, hasta una nueva primavera que propicie la salida de nuestros refugios invernales.
Lo mismo ésto no afecta a quienes se encuentren a la orilla del mar (Mediterráneo, desde luego), pero en lo que me respecta, procuraré una escapadita a Lisboa, bajo la lluvia.
Pero como todo no debe ser nostalgia, aún en los peores momentos, debemos sacar fuerza, que van a llegar días mejores.
http://www.goear.com/listen/cd89b28/Only-when-you-leave-spandau-ballet
Layin' in the after glow
I only want to learn what you know
But now you're leavin'
How many hearts must you break
And how many calls must I make
But now you're leavin'
In this world all that I choose has come unbearable
But love is in your touch
Ooh, it's killing me so much
Chorus:
Oh only when you leave
I'll need to love you
And when the action has all gone
I'm just a little fool enough to need you
A fool enough too long
Only when you leave, you'll leave in danger
Ooh, I'll make sure that you pay
So give a little passion to a stranger
And take this soul away
I only want to make this things last
So how could this have gone so fast
And now you're leavin'
How many times must I learn
It's only when you've gone that I burn
And now you're leavin'
In the end, all that is left has come unbearable
It's hard to change your mind
So leave it all behind
(Chorus)
Layin' in the after glow
I only want to learn what you know
Ooh, but now you're leavin'
How many hearts must you break
And how many calls must I make
But now you're leavin'
In this world all that I choose has come unbearable
But love is in your touch
Ooh, it's killing me so much
(Chorus)
Woo-oh-oh-oh...no no no no
Only when you leave, you'll leave in danger
Ooh, I'll make sure that you pay
So give a little passion to a stranger...
Lo mismo ésto no afecta a quienes se encuentren a la orilla del mar (Mediterráneo, desde luego), pero en lo que me respecta, procuraré una escapadita a Lisboa, bajo la lluvia.
Pero como todo no debe ser nostalgia, aún en los peores momentos, debemos sacar fuerza, que van a llegar días mejores.
http://www.goear.com/listen/cd89b28/Only-when-you-leave-spandau-ballet
Layin' in the after glow
I only want to learn what you know
But now you're leavin'
How many hearts must you break
And how many calls must I make
But now you're leavin'
In this world all that I choose has come unbearable
But love is in your touch
Ooh, it's killing me so much
Chorus:
Oh only when you leave
I'll need to love you
And when the action has all gone
I'm just a little fool enough to need you
A fool enough too long
Only when you leave, you'll leave in danger
Ooh, I'll make sure that you pay
So give a little passion to a stranger
And take this soul away
I only want to make this things last
So how could this have gone so fast
And now you're leavin'
How many times must I learn
It's only when you've gone that I burn
And now you're leavin'
In the end, all that is left has come unbearable
It's hard to change your mind
So leave it all behind
(Chorus)
Layin' in the after glow
I only want to learn what you know
Ooh, but now you're leavin'
How many hearts must you break
And how many calls must I make
But now you're leavin'
In this world all that I choose has come unbearable
But love is in your touch
Ooh, it's killing me so much
(Chorus)
Woo-oh-oh-oh...no no no no
Only when you leave, you'll leave in danger
Ooh, I'll make sure that you pay
So give a little passion to a stranger...
viernes, 2 de octubre de 2009
El síndrome de Iznogud
Reproduzco con autorización del autor, seguidor del blog, un artículo publicado hace un tiempo y que incide en el tema de la anterior entrada:
Iznogud era un personaje de tebeo, que yo leía cuando era pequeño. El guionista creador del personaje era Goscinny, el mismo de Asterix, visir de un imaginario reino de las mil y una noches, y se caracterizaba como un ser de pequeño tamaño, pretendidamente ingenioso, pelota, artero, traicionero, y sobre todo aquejado por un terrible complejo de inferioridad. También se le recuerda por su frase, “quiero ser califa en lugar del Califa”.
Es por ello que se conoce como síndrome de Iznogud a una actitud psicológica que se aprecia en los segundones que en realidad son incapaces de llegar a ser los protagonistas principales de aquello que se proponen, incluso en sus vidas. Normalmente les ocurre como al Visir Iznogud, que cuando llegaba a ser califa en lugar del Califa era notoriamente incapaz de ejercer el cargo. El afectado por el citado síndrome piensa que está relegado injustamente, y se conforma con ejercer un poder efectivo desde la sombra, para lo cual no dudan en medrar, manipular, acercarse a individuos bondadosos o incapaces, pero con poder de atracción o de seducción, y los utilizan para ser alguien por fin, y guardan la secreta idea de que si ellos tuvieran ese imán serían irresistibles. Y en realidad no es que no tengan magnetismo; es que en el supuesto caso que lo tuvieran, su presencia causaría el efecto que la aproximación de dos polos del mismo signo.
Al final se idean incomprendidos y guardan un rencor sordo que vierten sobre quienes actúan de buena fe con ellos, o sobre quienes tienen que soportar sus decisiones, a menudo caprichosas por sentirse disfrutando del mero ejercicio de un poder. Son el protoejemplo del acosador. Dice el Dr. González de Rivera (“El maltrato psicológico”, Espasa-Calpe, Madrid 2.002), que los factores que determinan la personalidad del acosador son la mediocridad, la envidia y el control, la cual presenta una peculiar combinación de rasgos narcisistas y paranoides que le permiten autoconvencerse de la razón y justicia de su actividad destructiva (página 86, op. cit.).
No resulta extraño encontrarse con individuos de esta calaña en organizaciones jerarquizadas, porque una vez que acceden a la misma se hacen imprescindibles para sus superiores: siempre tendrán una palabra de halago para ellos; identificarán al supuesto causante del problema que preocupa a su señor, o lo crearán para poder imputarlo a la víctima que hayan escogido. Y sólo son una parte de sus capacidades, siendo quizás la mas destacable de ellas la de manipulación para hacer propios los méritos ajenos y ajenos los errores propios. Pese a todo, estos sujetos siempre se harán con un grupo de aduladores temerosos de su poder; que le seguirán en sus inquinas y maquinaciones, porque además creerán que les deben su honra y vida.
También es posible que Iznogud se auxilie de un adláter, epítome de su oscura existencia, aparentemente mas desgraciado que él, que aprende a su lado el oficio, con menos aspiraciones de poder y ansias de cargos, y que cuando menos se lo espera, resulta que llega a ser Iznogud en lugar de Iznogud, aunque sus nombres masculinos o femeninos nos suenen mas familiares y cotidianos.
Iznogud era un personaje de tebeo, que yo leía cuando era pequeño. El guionista creador del personaje era Goscinny, el mismo de Asterix, visir de un imaginario reino de las mil y una noches, y se caracterizaba como un ser de pequeño tamaño, pretendidamente ingenioso, pelota, artero, traicionero, y sobre todo aquejado por un terrible complejo de inferioridad. También se le recuerda por su frase, “quiero ser califa en lugar del Califa”.
Es por ello que se conoce como síndrome de Iznogud a una actitud psicológica que se aprecia en los segundones que en realidad son incapaces de llegar a ser los protagonistas principales de aquello que se proponen, incluso en sus vidas. Normalmente les ocurre como al Visir Iznogud, que cuando llegaba a ser califa en lugar del Califa era notoriamente incapaz de ejercer el cargo. El afectado por el citado síndrome piensa que está relegado injustamente, y se conforma con ejercer un poder efectivo desde la sombra, para lo cual no dudan en medrar, manipular, acercarse a individuos bondadosos o incapaces, pero con poder de atracción o de seducción, y los utilizan para ser alguien por fin, y guardan la secreta idea de que si ellos tuvieran ese imán serían irresistibles. Y en realidad no es que no tengan magnetismo; es que en el supuesto caso que lo tuvieran, su presencia causaría el efecto que la aproximación de dos polos del mismo signo.
Al final se idean incomprendidos y guardan un rencor sordo que vierten sobre quienes actúan de buena fe con ellos, o sobre quienes tienen que soportar sus decisiones, a menudo caprichosas por sentirse disfrutando del mero ejercicio de un poder. Son el protoejemplo del acosador. Dice el Dr. González de Rivera (“El maltrato psicológico”, Espasa-Calpe, Madrid 2.002), que los factores que determinan la personalidad del acosador son la mediocridad, la envidia y el control, la cual presenta una peculiar combinación de rasgos narcisistas y paranoides que le permiten autoconvencerse de la razón y justicia de su actividad destructiva (página 86, op. cit.).
No resulta extraño encontrarse con individuos de esta calaña en organizaciones jerarquizadas, porque una vez que acceden a la misma se hacen imprescindibles para sus superiores: siempre tendrán una palabra de halago para ellos; identificarán al supuesto causante del problema que preocupa a su señor, o lo crearán para poder imputarlo a la víctima que hayan escogido. Y sólo son una parte de sus capacidades, siendo quizás la mas destacable de ellas la de manipulación para hacer propios los méritos ajenos y ajenos los errores propios. Pese a todo, estos sujetos siempre se harán con un grupo de aduladores temerosos de su poder; que le seguirán en sus inquinas y maquinaciones, porque además creerán que les deben su honra y vida.
También es posible que Iznogud se auxilie de un adláter, epítome de su oscura existencia, aparentemente mas desgraciado que él, que aprende a su lado el oficio, con menos aspiraciones de poder y ansias de cargos, y que cuando menos se lo espera, resulta que llega a ser Iznogud en lugar de Iznogud, aunque sus nombres masculinos o femeninos nos suenen mas familiares y cotidianos.
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